Archivo agosto, 2011

Marina d’or un antes y un después

Escribo este post para agradecer al equipo de atención al cliente de Marina d’or y en especial a Maykell la atención que nos están prestando para suplir las carencias y la decepción que nos llevamos cuando llegamos aquí.

Su amabilidad y atención han sido excepcionales y están haciendo todo lo posible para que nuestra estancia sea tal y como habiamos imaginado que iba a ser.

Hemos visitado el balneario de aguas marinas, el hotel 5* y hemos probado su excepcional buffet con una increible cantidad y variedad de delicatessen. Esto sí es totalmente distinto y lo cierto es que nos han arreglado las vacaciones.

También he de destacar la altísima profesionalidad del personal del hotel Gran Duque a quienes hemos ido conociendo con el paso de los días. Nunca les falta una palabra amable y una sonrisa en la cara lo cual también contribuye sobremanera a hacerte la estancia mucho más agradable.

Muchas gracias a  todo el equipo de Marina d’or:

Ana

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Marina d’or ciudad de vacaciones

Aquí estamos. Dos meses desde que realizamos la reserva y por fin, llegamos hace 2 días.

Y me quiero volver a casa. YA. Quizás es que mis expectativas con respecto a lo que habiamos contratado eran erroneas. Quizás es que mi concepto de un hotel de 4 estrellas y de un resort de vacaciones no tiene nada que ver con la realidad pero el chasco ha sido mayúsculo.

La primera decepción fue nada más llegar. El hotel. Estamos alojados en el Gran Duque. La habitación nos pareció pequeña para 3 personas, el armario diminuto de tal forma que la ropa de mi hijo he tenido que “apañarla” como he podido sin sacarla de la maleta. El baño es pequeño, la terraza mejor digamos que es un balcón. Pero bueno, total tampoco venimos para estar metidos en la habitación o sea, que pasamos este primer choque.

Bajamos a la piscina. Pequeña. Un hotel para más de 800 personas y una piscina que más bien parece la de mi pueblo, y aquella al menos tiene hierba y espacio suficiente para poner una toalla. Aquí, por supuesto no pillas una tumbona a no ser que te bajes a las 8 de la mañana. Después de esperar un rato, conseguimos un par de sillas y mientras el niño se baña, me pido una coca cola.

Luego llegó la cena. Cientos de personas en tropel, una cola hasta la escalera, niños llorando, gente alterada, bastante caos y después de esperar un rato nos asignan una mesa. En fin, el buffet se salva porque hay ensaladas y fruta suficiente, pero la carne y el pescado son congelados. De batalla total. Hay mucho pero de baja calidad. Los postres no están mal. Mi hijo solo come patatas fritas con ketchup. No le gusta nada de lo que hay y no me extraña. Completamos con un plátano y un yogur. Ni tan mal.

El remate, la cafetería. Bajamos a tomar un café después de cenar. Me recuerda a las de los campings. Inmensa y con sillas de plástico. No hablemos de la decoración o de un poquito de glamour o tranquilidad. Niños corriendo, una animación que consiste en que la gente haga una especie de gimnasia moviendo manos y piernas y camareros a toda prisa sirviendo cafés y batidos de chocolate. Salimos a la terraza. Una inmensa lona pegante al hotel donde cada rato por las tardes suena la música de carros de fuego nos acompaña la sobremesa. Mire donde mire, veo las sillas de plástico, la lona, los niños corriendo o una tele donde la gente mira no sé qué deportes.

¿qué hago aquí?

Pasa la noche, de nuevo desayuno masificado, playa masificada, comida masificada y llega la tarde. No puedo más. Llevo aquí menos de 24 horas y estoy mucho más estresada que cuando voy a trabajar. Quiero que me devuelvan mi dinero y salir corriendo de aquí carretera y manta. Me presento en atención al cliente y un chico muy majo escucha mi rollo con total cordialidad y rectitud. No devuelven el dinero a no ser fuerza mayor, me dice. Mi salud mental no es fuerza mayor? Le digo… pues no a no ser que traiga un papel de un facultativo que lo demuestre… no. Y sepa que esto está en toda nuestra publicidad. Que el dinero no se devuelve. Solo hay unas 30 quejas a la semana de las 5000 personas alojadas en el mismo tiempo. Pienso entre mí que definitivamente debo ser yo la rara si esto es cierto.  Propongo cambiar de hotel e incluso irnos al 5 estrellas pagando la diferencia, pero es agosto, está todo completo. Solo quedan  habitaciones libres a partir del día 21. Bueno.. al menos son 2 días y por supuesto que nos moveremos. Menos da una piedra.

Para compensar la decepción, nos ofrece la posibilidad de utilizar las instalaciones del balneario durante un par de días y nos regala otro par de entradas a un parque infantil para mi hijo a cambio de firmar un papel donde renuncio a mi derecho a reclamar por los mismos motivos a Marina d’or. Firmo el papel con conocimiento de causa. No tengo ganas de meterme en más líos y acepto que quizás lo mejor sea cambiar de actitud e intentar pasarlo lo mejor posible. Se agradece la atención. Pero a pesar de ello, nada me quita el que tenga que quedarme 12 días más en un sitio en el que preferiría no estar porque no me devuelven el dinero. Hubiese sido mucho más elegante que teniendo ese mínimo de reclamos a la semana, si alguien no se siente a gusto por cualquier motivo, realicen la devolución. Esto se lo dije ya y lo vuelvo a repetir. Esto es una compra de servicios como otra cualquiera y nadie debería poder obligarnos a comprar unos servicios que no nos satisfacen. A pesar de esto, sé que al firmar el papel renuncié a mi derecho a quejarme y de alguna manera me dejé “chantajear”. Supongo que no soy la única.

La parte positiva… mi hijo lo está disfrutando y esto vale más que mi malestar y mi desconcierto. Vuelve a sonar la musiquita que a todas horas repiquetea vayas donde vayas… Marina d’or, Marina d’or un lugar donde disfrutar todos juntos.. parece una de esas cancioncitas que cantábamos en el cole con las monjas… Voy a por otra coca-cola…

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