Conciliar la vida familiar y laboral


Llevo años intentándolo y no lo consigo.

Cada vez que doy un paso para intentar mejorar la situación, la lío más… y porqué digo esto?

Para entenderme os voy a contar mi historia. Es un poco larga por lo que os pido disculpas si os aburre… :)

El año 98 me fui a Madrid con una maleta y muchas ilusiones. Nací en un pequeño pueblo de la Gipuzkoa profunda donde el paisaje es precioso y la comida estupenda, pero cuando estás en la veintena quieres conocer más mundo. Madrid era inmenso. Ofrecía un abanico de posibilidades imposible de calcular. El simple hecho de que nadie te saludase cuando ibas por la calle era síntoma de libertad. El sueldo que me ofrecieron era el doble de lo que tenía aquí. Todo era genial y lo iba a conseguir…

Cuando llegué mi cuenta corriente estaba exactamente a cero. Para sobrevivir el primer mes pedí prestado a mis padres, préstamo que nunca llegué a devolver. Alquilé un apartamento de 35m2 en Avenida América. Cuando puse mi primera lavadora y pagué mi primera factura de la luz supe que era independiente. Los sábados me dedicaba a pasear, ver Madrid y comprar ropa. Era genial, había de todo.

Desde el principio, aparte de algunos meses que fui analista programador en una pequeña empresa, fui consultor de CRM y Facturación en Telcos. Entré en el mundo de las multinacionales. Desde fuera era lo que siempre había querido. Desde niña mi futuro estaba marcado. No se me dio opción a NO estudiar una carrera. Me enseñaron a no tener que depender de nadie y jamás me planteé no trabajar. Mis objetivos se estaban cumpliendo. De año en año mi situación era mejor, tenía más responsabilidades, trabajaba muchas horas pero ganaba mucho dinero. Y se supone que era feliz. Pero llegó un momento, pasada la treintena que cuando salía un sábado de compras, ya no era tan divertido. Tener 3 armarios llenos de cosas que no me ponía, no me ofrecía ninguna satisfacción. Cuando llegaba a mi casa, esta vez en propiedad sentía que algo le faltaba a mi vida. Cuando me iba de viaje con gente en mi misma situación (single women) nos llamaban, veía a parejas con el cochecito y los biberones y supongo que se despertó en mi el instinto maternal.

Socrates llegó a mi vida el 03 de noviembre de 2003. Nació a las cinco de la tarde con 3.290Kg y 52cm de longitud. Cuando lo tuve, supe que ahora sí que era feliz. Tenía mi trabajo, mi casa, una familia, estabilidad, rutina y el pasar de los días. Y Madrid se me cayó encima. Cosas que antes ni me daba cuenta, ahora eran un mundo. Ya no valía estar en un atasco en la castellana y llegar una hora tarde porque mi hijo me esperaba en la guardería. Sus fiebres, catarros, varicelas y demás problemillas suponían una hora de coche y nervios para ir a recogerle y llevarle al pediatra, con el consecuente impacto en mi vida laboral. Por cierto que en este sentido, la cosa en una multinacional (por lo menos en lo que a mí me toca) no es tan grave como la pintan. En ningún momento me pusieron pegas, nunca me descontaron ni un día de vacaciones y respetaron tanto mi puesto como mis responsabilidades a pesar de que ya no hacía horas extra por el morro y había más de un día que llegaba tarde por causas ajenas a mí…

Y en estas se acabó. No pude más. Cuando el niño tenía año y medio toqué fondo. Madrid ya no era el lugar de las oportunidades, era el lugar que no me permitía criar a mi hijo con un mínimo de condiciones. Y qué mejor lugar tranquilo, seguro y precioso que Azkoitia. Mi marido es madrileño, pero también estaba harto. El colmo llegó un viernes que un taxista me increpó y despotricó durante todo el camino desde el pediatra hasta mi casa, quejándose de los cochecitos, los trastos de los críos y los trayectos cortos que según él debíamos hacer a pie cuando el niño está berreando como estaba porque era su hora de cenar.

Nos fuimos. Vendimos todo. Dejé mi estupendo trabajo en Uni2 (ahora Orange), mi marido perdió una antiguedad de 13 años en su empresa y aquí vinimos. Y montamos un negocio. Era perfecto. Compramos un local, pusimos una cafetería con parque para niños, un aula de ordenadores donde yo podría dar clases de informática y los chavales podrían conectarse a internet los fines de semana. Ambos estaríamos trabajando a cinco minutos andando desde nuestra casa y solo cogeriamos el coche para ir a la playa en verano y hacerle alguna visita a mi suegra en Madrid. Pero no funcionó. En mi academia no hubo ni una sola matrícula. El embolao en que nos metimos fue impresionante por lo que volví a trabjar. La ventaja aquí es que está toda mi familia. Gracias a ellos, que son quienes recogen a mi hijo del cole por las tardes yo puedo ser consultor.

Pero es que también hago tiendas online. Desde que llegamos, empecé haciendo tiendas online Oscommerce a aquellos que me lo pidiesen. Las tiendas no daban para dejar mi trabajo de consultoría pero eran una ayuda importante. Por lo que metí sin darme cuenta en un círculo imposible de trabajar de lunes a viernes como consultor ERP y en las pocas horas libres que tengo entre semana, fines de semana completos, puentes, vacaciones y fiestas de guardar trabajar en el salón de mi casa haciendo tiendas online.

A mis Clientes hay que darles soporte por lo que muchas… demasiadas veces he tenido que decir a mi hijo, que no puedo estar con él. En principio no pasa nada. Tiene a su padre, a su abuela y tíos y tías que le hacen caso y están con él. Pero no tiene a su madre. Hay situaciones que van pasando y deberían ser señal de alarma…  como que no se quiera poner al teléfono cuando lo llamas desde Móstoles, donde estás de lunes a jueves en un Cliente. O cuando le pide a su padre en vez de a tí que le lea el cuento de por la noche. Pero hay un día, un domingo cualquiera, como el domingo pasado donde la cosa estalla. Cuando después de otro día sin estar con él ni un par de horas, agarra una rabieta de impresión y te dice que se queda a vivir en casa de su abuela. Donde no entiendes nada y ves que algo marcha muy mal en tu vida. Donde te das cuenta de que no vas a mejor, sino a peor. Que aunque tu vida laboral va genial y te estás haciendo un hueco y estás perfectamente realizado, tu vida personal se desintegra. Tu hijo no te conoce y hay que poner freno y volver a decir… hasta aquí y no más.

Llevo 2 días en casa con un permiso de un mes. En mi empresa han entendido perfectamente la situación y les he pedido un mes, solo un mes para organizar de nuevo mi vida.  No es mucho tiempo, pero los 2 días que llevo yendo a buscar a mi hijo a la piscina, comiendo con él y aprendiendo de nuevo a escucharle y ver que está creciendo a pasos de gigante, merecen este mes sin sueldo…

  1. #1 by neonigma on 14 Mayo 2009 - 8:40

    Impresionante. Estoy terminando mi proyecto de la licenciatura (aka Ingenería en Informática en estos tiempos), y he entrado en una PYME y lo estoy pasando realmente no muy bien. Es horrible trabajar de lunes a domingo pq no llegas a los plazos y no me gusta la idea de montar mi propio negocio porque quizás sería trabajar lo mismo.

    Soy una persona seria y responsable, si hay que trabajar, se trabaja al máximo, pero no hasta morir. Aquí bajamos a vivir, a dar lo mejor de nosotros mismos e intentar ser felices lo que podamos. Pienso que hay que establecer un tipo de barreras entre lo laboral y lo personal que muchas veces es lo más difícil en este mundo.

    ¿Será posible conciliar vida laboral y personal en este país?

    Esperemos que sí.

    Un saludo, me ha encantado tu blog.

  2. #2 by Sr. McCoy on 25 Junio 2009 - 14:54

    Este es un tema redundante. Por una parte vivimos en una sociedad en la que la acumulación de bienes materiales es el motor en el nivel inferior, al principio; tener mejor piso, mejor coche, ropa de marca, el móvil más chulo… La gente asiente cuando le mencionan eso de la sociedad consumista, pero muy pocos son los que reflexionan sobre ello mirándose al espejo.

    Otros avanzan al siguiente nivel, el familiar. Y entre estos muchos siguen, consciente o inconscientemente, enredados en la tela de araña de poseer más y mejor, convirtiéndose en insatisfechos que trasladan su frustración tanto al ámbito laboral como al personal. ¿Quien no ha tenido o tiene a ese jefe medio nazi divorciado? Quítale el Q7 y le hundirás. Pregúntale como se llama el amigo de su hijo del cole y se quedará pensando.

    Otros, como es el caso de Ana, se miran fírmemente en el espejo y entiende que tener la última tele de 250 pulgadas no la va a hacer más feliz. Y que un hijo solo crece una vez, nunca más volverá a cumplir dos años, el tiempo queda atrás, no hay segundas partes.

    Ana ha entendido esto a la perfección. Pero creo entenderla que, al igual que en mi caso, que tengo como prioridad ABSOLUTA a mi familia y trabajo para vivir y proporcionarles a ellos lo que pueda, arrastramos esa inercia del trabajo, esa rutina en la que nos hemos sumergido durante tantos años y que aunque despotriquemos diariamente de ella pocas veces nos paramos a pensar en profundidad. A veces hace falta un golpe para que reacciones, Ana ha tenido el suyo, yo todavía no lo he tenido.

    A todo esto vivimos en un país en el que no se valora el talento en el trabajo, no se dan las condiciones, tanto por empresarios como por trabajadores, en ambos polos hay casos flagrantes, que una persona solo rinde realmente cuando tiene un equilibrio entre su vida personal y su vida laboral. La mayoría de las empresas solo quieren carne. Y horas. En este país todavía no se ha entendido que se ha iniciado una nueva revolución industrial, silenciosa, lenta, pero firme: la empresa dependiente de la persona. El talento como motor de la actividad. Y otra vez nos vamos a quedar retrasados, basta con ver el funcionamiento de la mayoría de las empresas.

    Siempre es admirable que alguien se sacrifique por los demás. Esta persona lo ha hecho con su familia. Por eso tiene todos mis respetos.

  3. #3 by Karim on 23 Febrero 2010 - 19:53

    Hola. Me siento identificada con tu post. No tengo hijos, he decidido no tenerlos por motivos personales. pero tengo pareja y no encuentro tiempo para estar con ella. Soy consultor SAP BI a tiempo completo y casi siempre me toca un proyecto con tiempos mal vendidos. No se si ser freelance sea la solución para mí, en realidad puedo cobrar mas directamente a los clientes con mis propios tiempos, mucho menos de lo que les cobran las consultoras, pero me da cosa cuando pidan soporte… Me parece que al final tendré mas trabajo… tu me podrías decir cual fue la solución que encontraste al final?

  4. #4 by Ana Juaristi on 23 Febrero 2010 - 20:07

    Hola Karim:

    Aún siendo consultor freelance y ofreciendo tus conocimientos a nivel funcional, creo que es necesario contar con un buen soporte técnico y si me apuras te diría que también es necesario un soporte comercial.

    Uno sólo, sin nadie más y con tiempo limitado es poco probable que pueda dar buen servicio en el mundo ERP. Y si me hablas de un SAP menos aún ya que las empresas que contraten SAP no se plantearán contratar un freelance por bueno que sea ( o si no, mucho han cambiado las cosas). SAP sólo se lo pueden permitir empresas muy grandes. Las empresas muy grandes contratan consultoras muy grandes, que por desgracia tienen en plantilla consultores como nosotros en ocasiones mal pagados en otras muy bien pagados, pero siempre sin excepción trabajando bastantes más horas de las que figuran en tu contrato. Cuantas más horas metas, más beneficias a la consultora y al Cliente pero el que se fastidia eres tú.

    Como freelance esto está mucho mejor repartido. Tú controlas, el problema es que en el mundo propietario la mayoría de las veces puede más la política, la imagen y sobre todo el poder echar la culpa a alguien que el valor de lo que puedas aportar. Sobre todo muy importante… es contratar a alguien “denunciable”… al que se le puedan pedir responsabilidades. Esa figura nunca es un freelance sino otra gran empresa como ellos, metida en el mismo mundo, con los mismos valores y con las mismas reglas del juego.

    Espero haberte ayudado a entender un poquito más el mundo de la consultoría propietaria. Yo ya no estoy ahí y te aseguro que vivo muchísimo mejor y más tranquila. Aunque no te engañes, sigo metiendo muchas más horas que cualquier trabajador por cuenta ajena incluidos fines de semana, pero a mi aire. Cuando yo quiero y como quiero. Es distinto. Es más libre. A mí me compensa.

    Muchísima suerte en tu andadura:

    Ana

(No será publicado)